Llegué a casa con ganas infinitas de dormir aunque fuese cinco minutos. Otra noche mas a atormentarme con las pesadillas relacionadas con mi madre. Al principio me daban miedo, pero ahora no siento nada. Tan solo tengo ganas de que desaparezcan. Cuando llegué a casa estaba Shannon en el sofá esperándome.
-¡Ro, ya estás aquí!
-Hola Shannon...-Dije mientras dejaba las llaves y el bolso en el recibidor de la entrada. Me di cuenta de que cometí un error dándole las llaves de casa a Shannon. Ella me obligó a que le hiciese una copia por si pasaba algún incidente. Pero las dos sabíamos que era para cotillear.
-Te tengo que contar algo súper fuerte.
-Adelante.- Dije desde la cocina mientras me preparaba un sándwich.
-Hoy he ido de compras con Alexa a por aquel vestido que te dije que vi en el escaparate y me enamoró, pero no me lo podía comprar porque era muy caro pero luego te llamé para contarte que mi madre me había dado dinero para comprármelo...-La interrumpí.
-Shannon, al grano.
-He visto a tu hermano con un chico espectacular.
-¿Y...?
-Y quería preguntarte quien es el chico.
-Mi hermano tiene muchos amigos, a la gran mayoría no los conozco. Lo siento pero no puedo ayudarte.
-No tienes que pensar mucho. ¡Le he echo una foto!.-Pisó el sofá y saltó el respaldo para venir a la cocina.- ¡Mira!
-Shannon, ¿no te das cuenta que no puedes ir haciendo fotos por ahí a la gente?
-Que si Ro... la gente tiene su vida privada... ¡pero mira la foto!.- La miré mal, pero me centré a mirar la foto.
-Ese es Adam. Se conocen desde críos.-Se guardó el móvil en el bolso y mientras se iba me dijo:
-Prepara una cena, Adam, tú, el chico que quieras y yo, ¿vale? Chao.
-¡Pero Shannon, esto no funciona así!.- Justo cerró la puerta y no pudo responderme. Más bien no quiso responderme. Shannon tenia bastante suerte con los chicos, era graciosa si no contaba sus chistes malos, simpática, cariñosa, guapa... todo lo que un chico podría desear. Mi madre siempre me dijo que yo tenia esas cualidades pero no se me acercaba ningún chico y el que se me acercaba lo apartaba de una bofetada. Así que no podía quejarme.
lunes, 21 de abril de 2014
domingo, 20 de abril de 2014
Capítulo 5.
Mientras conducía iba dándole vueltas a la cabeza a lo que le dije a mi padre. No era cierto. Esa chica no era yo. Estaba de alguna manera echando la culpa a mi madre de echarla de menos. Era consciente que desde que ella se fue yo cambié mucho. También era consciente de que no quería admitir mis cambios. En aquel momento veía a mi madre como una persona que me traicionó. Que entró en mi vida y me dejó tirada yéndose para siempre. Desde entonces no quiero que entre nadie nuevo en mi vida. Por miedo. Por esa razón yo era tan fría con la gente. Me estaba respondiendo a mi misma mis preguntas. Noté como el coche iba más lento. Se había pinchado una rueda.
-De puta madre.- Dije mientras bajaba del coche dando un portazo. Cogí la rueda de repuesto y el gato. No tenia fuerza suficiente para hacer que el gato se moviese. Intenté hacerlo con el pie, pero nada. Escuché como un coche paró detrás mío, aunque estaba demasiado concentrada en largarme de allí como para mirarlo. Bajó alguien del coche y se acercó a mí.
-¿Otra vez tú, pequeña?.- Por la voz noté que era Ron.
-Si buscas el centro de Londres, ve recto.
-Busco ayudarte.
-Ya te he dicho que no necesito tu ayuda ni la de nadie. Puedo sola.
-Ten en cuenta que si no te ayudo yo no saldrás de aquí hasta mañana. Y no creo que pare nadie a ayudarte.-Se quedó de pie esperando respuesta. Prefería quedarme allí toda la noche a pedirle ayuda a alguien como él. Espero cinco segundos y se fue. Yo seguí haciendo fuerza pero nada. El gato no se movía ni un triste centímetro. No me quedaba otra opción...
-Ron.- Se giró.- ¿Podrías...? Ya sabes.
-¿Podría...?.-Dijo sonriendo. Estaba disfrutando con aquella situación.
-Idiota. Sabia que era mala idea.
-Vamos pequeña, no te enfades.- Dijo acercándose. Se agachó y yo me puse en pie.
-Toma, aguántamela.- Dijo dándome su chaqueta. Dejó al descubierto sus brazos llenos de tatuajes. Eran bastante bonitos. En menos de un minuto cambió la rueda. Estaba realmente sorprendida. Aunque no lo demostré. Le di la chaqueta y sin mirarle fui a subirme al coche. Noté como me miraba, pero yo me hacia la loca.
-Dame las gracias por lo menos, ¿no?
-Lo tenía echo... si no hubieses venido a meter las narices.-Soltó una risita irónica.
-Ten más cuidado la próxima vez, no puedo sacarte yo de todos los líos.- Sin que me diese cuenta le sonreí.
-Tienes una sonrisa muy bonita.- Noté como me ponía roja por momentos así que me subí al coche para que no se diese cuenta. Arranqué y traté de largarme todo lo más rápido posible. Yo. Sonriendo. Todo aquello me estaba sobrepasando. ¿Podría...? No. No podía ser. No podía gustarme alguien tan creído como él.
-De puta madre.- Dije mientras bajaba del coche dando un portazo. Cogí la rueda de repuesto y el gato. No tenia fuerza suficiente para hacer que el gato se moviese. Intenté hacerlo con el pie, pero nada. Escuché como un coche paró detrás mío, aunque estaba demasiado concentrada en largarme de allí como para mirarlo. Bajó alguien del coche y se acercó a mí.
-¿Otra vez tú, pequeña?.- Por la voz noté que era Ron.
-Si buscas el centro de Londres, ve recto.
-Busco ayudarte.
-Ya te he dicho que no necesito tu ayuda ni la de nadie. Puedo sola.
-Ten en cuenta que si no te ayudo yo no saldrás de aquí hasta mañana. Y no creo que pare nadie a ayudarte.-Se quedó de pie esperando respuesta. Prefería quedarme allí toda la noche a pedirle ayuda a alguien como él. Espero cinco segundos y se fue. Yo seguí haciendo fuerza pero nada. El gato no se movía ni un triste centímetro. No me quedaba otra opción...
-Ron.- Se giró.- ¿Podrías...? Ya sabes.
-¿Podría...?.-Dijo sonriendo. Estaba disfrutando con aquella situación.
-Idiota. Sabia que era mala idea.
-Vamos pequeña, no te enfades.- Dijo acercándose. Se agachó y yo me puse en pie.
-Toma, aguántamela.- Dijo dándome su chaqueta. Dejó al descubierto sus brazos llenos de tatuajes. Eran bastante bonitos. En menos de un minuto cambió la rueda. Estaba realmente sorprendida. Aunque no lo demostré. Le di la chaqueta y sin mirarle fui a subirme al coche. Noté como me miraba, pero yo me hacia la loca.
-Dame las gracias por lo menos, ¿no?
-Lo tenía echo... si no hubieses venido a meter las narices.-Soltó una risita irónica.
-Ten más cuidado la próxima vez, no puedo sacarte yo de todos los líos.- Sin que me diese cuenta le sonreí.
-Tienes una sonrisa muy bonita.- Noté como me ponía roja por momentos así que me subí al coche para que no se diese cuenta. Arranqué y traté de largarme todo lo más rápido posible. Yo. Sonriendo. Todo aquello me estaba sobrepasando. ¿Podría...? No. No podía ser. No podía gustarme alguien tan creído como él.
Capítulo 4.
Estaba metida en mi trabajo cuando Jena me susurró:
-Rowling, ¿puedo hablar contigo un momento?
-Dime.- Dije mientras puse un vaso debajo de la maquina .
-Aquí no, en privado, por favor.-Vi que Tara estaba detrás de ella para cubrir mi puesto. Asentí. Y me metí en el cuarto de empleados con ella.
-No es fácil para mi decirte esto...-Respiró hondo.-Sé que tu no eres una chica que sea muy amigable en cuanto a clientes y compañeros. Te quería pedir que hicieses un esfuerzo. Desde que tú estás aquí nos han llegado muchas quejas de clientes sobre tus contestaciones algo bordes... También sé que desde que murió tu madre estás algo rara, pero te quería pedir que hicieses un esfuerzo y...-La interrumpí.
-Jena, a mí no me pasa nada. He superado lo de mi madre. Ella no tiene nada que ver con mi comportamiento soy así de siempre.
-Tu padre me dijo que...-Volví a interrumpirla.
-Me trae sin cuidado lo que te haya dicho mi padre. Si quieres que sea más simpática, lo haré.-No sé si quiso decirme algo más pero yo ya di por acabada la conversación.
Cuando terminó mi turno decidí ir a casa de mi padre para visitarle. Por mucho que yo hubiese cambiado el amor por mi padre seguía ahí. Además él no acabó de aceptar que me fuese de casa. Vivía en una calle bastante bonita, con mucha gente y unas casas preciosas. En esa casa me crié desde que nací. En parte me fui porque todo lo que veía en la casa me recordaba a mamá. Cuando entré en casa vi una caja llena de fotos.
-¿Papá?.- Justo apareció en el salón.
-Hola Roxanne.-Me dio un beso en la mejilla y siguió guardando fotos.
-¿Por qué guardas esas fotos?
-Quiero renovar la casa.
-¿Casualidad que en todas las que guardes salga mamá, verdad?
-Roxanne...
-No papá. Tenemos la suerte de tener recuerdos de ella y tu te quieres deshacer de ellos. ¿Pero de qué vas?
-Tenemos que superarlo...
-¿Y por eso tenemos que tirar todos los recuerdos? Esto no funciona así.
-Hija, basta...
-¿Y también le tienes que decir a mi jefa que desde que murió mamá yo soy diferente? Sigo siendo la misma. La muerte de mamá no ha cambiado nada en mí.
-Roxe, cuando echas de menos a alguien es normal que te sientas mal, no hay nada malo en admitirlo.
-¡Pero es que yo no la echo de menos!.- Me sorprendió a mi misma lo que acababa de gritar en ese momento. Salí de casa de mi padre dando un portazo. Estaba llorando pero no quería que me viese. Echaba mucho de menos a mi madre y sentía que sin ella nada tenia sentido. Solo necesitaba un abrazo y llorar en el pecho de alguien.
-Rowling, ¿puedo hablar contigo un momento?
-Dime.- Dije mientras puse un vaso debajo de la maquina .
-Aquí no, en privado, por favor.-Vi que Tara estaba detrás de ella para cubrir mi puesto. Asentí. Y me metí en el cuarto de empleados con ella.
-No es fácil para mi decirte esto...-Respiró hondo.-Sé que tu no eres una chica que sea muy amigable en cuanto a clientes y compañeros. Te quería pedir que hicieses un esfuerzo. Desde que tú estás aquí nos han llegado muchas quejas de clientes sobre tus contestaciones algo bordes... También sé que desde que murió tu madre estás algo rara, pero te quería pedir que hicieses un esfuerzo y...-La interrumpí.
-Jena, a mí no me pasa nada. He superado lo de mi madre. Ella no tiene nada que ver con mi comportamiento soy así de siempre.
-Tu padre me dijo que...-Volví a interrumpirla.
-Me trae sin cuidado lo que te haya dicho mi padre. Si quieres que sea más simpática, lo haré.-No sé si quiso decirme algo más pero yo ya di por acabada la conversación.
Cuando terminó mi turno decidí ir a casa de mi padre para visitarle. Por mucho que yo hubiese cambiado el amor por mi padre seguía ahí. Además él no acabó de aceptar que me fuese de casa. Vivía en una calle bastante bonita, con mucha gente y unas casas preciosas. En esa casa me crié desde que nací. En parte me fui porque todo lo que veía en la casa me recordaba a mamá. Cuando entré en casa vi una caja llena de fotos.
-¿Papá?.- Justo apareció en el salón.
-Hola Roxanne.-Me dio un beso en la mejilla y siguió guardando fotos.
-¿Por qué guardas esas fotos?
-Quiero renovar la casa.
-¿Casualidad que en todas las que guardes salga mamá, verdad?
-Roxanne...
-No papá. Tenemos la suerte de tener recuerdos de ella y tu te quieres deshacer de ellos. ¿Pero de qué vas?
-Tenemos que superarlo...
-¿Y por eso tenemos que tirar todos los recuerdos? Esto no funciona así.
-Hija, basta...
-¿Y también le tienes que decir a mi jefa que desde que murió mamá yo soy diferente? Sigo siendo la misma. La muerte de mamá no ha cambiado nada en mí.
-Roxe, cuando echas de menos a alguien es normal que te sientas mal, no hay nada malo en admitirlo.
-¡Pero es que yo no la echo de menos!.- Me sorprendió a mi misma lo que acababa de gritar en ese momento. Salí de casa de mi padre dando un portazo. Estaba llorando pero no quería que me viese. Echaba mucho de menos a mi madre y sentía que sin ella nada tenia sentido. Solo necesitaba un abrazo y llorar en el pecho de alguien.
Capítulo 3.
Acababa de conocer a mi nuevo compañero de trabajo y ya habíamos tenido nuestro primer roce. Ese idiota no iba a descentrarme de mi trabajo, eso lo tenia claro. Necesitaba ahorrar dinero para volar a Chicago y allí intentar empezar a escribir algunos cuentos, luego libros, luego sagas... prefería ir paso a paso. Salí con Tara a repartir papeles de publicidad. Tara era una chica de mi edad, muy alta y con el pelo algo corto. Era agradable estar con ella. Me contó que era adoptada. Al mes de nacer sus padres la dejaron en un orfanato por no poder mantenerla. Cuando tenía un año, la adoptaron una de las familias mas ricas de Londres... la verdad es que tuvo mucha suerte. A los catorce años empezó a sentir la necesidad de conocer a sus padres biológicos , pero su familia adoptiva no quiso. Supongo que por miedo de que ''su niña'' los dejase.
-¿Qué te parece el nuevo?
-¿Eh? ¿Qué?.- Salí de mis pensamientos de repente.
-¿Estás bien?
-Sí, sí. ¿Cuál era la pregunta?
-¿Qué te parece el nuevo?
-Bah, nada del otro mundo.- Un coche paró, dentro había un par de chicos, iban bebidos.
-Eh, nena, ¿te vienes a dar una vuelta con nosotros?.- Miraban a Tara.
-Perdéis el tiempo. Estoy trabajando.- El que conducía bajó del coche. Era bastante más bajito que Tara y que yo. Aunque iba con aires de chulería. Cogió a Tara del brazo y la empujó hacia el coche.
-¡Vamos Andy, date prisa, no quiero buscar mas tías por ahí!.- Gritó el otro.
-¡Suéltame, idiota!.- Tara intentaba resistirse pero por lo visto Andy era más fuerte a pesar de su estatura. Yo no podía quedarme ahí, mirando como obligaban a hacer a Tara algo que no quería. Me di prisa y aparté a Andy de un empujón, e inesperadamente cayó al suelo. El otro chico salió del coche y vi sus intenciones. Quería devolvernos lo que yo le había echo a su amigo. Cogí a Tara del brazo y grité:
-¡Corre, Tara, corre!.- Salimos corriendo y aquel chico empezó a perseguirnos. Mientras corría intenté pensar en como despistar al chico.
-¡Vamos, por aquí!.- Nos metimos en un callejón y nos metimos por unas callejuelas hasta llegar a la cafetería. Entramos algo fatigadas, y fuimos a la parte de los empleados. Tara se fue a servir cafés, yo me tuve que ocupar de limpiar las mesas. Mientras limpiaba la mesa sentí que tenía a alguien detrás. Era Ron.
-¿Otra vez tú?
-Vengo a ayudarte.
-No necesito tu ayuda.
-Vamos, no seas tan orgullosa.- Me acarició el brazo. Me dio escalofríos. Yo solo aparté el brazo bruscamente.
-Déjame en paz.
-No creo que tu madre te haya educado para que seas tan borde y tan maleducada.- Dijo sonriendo.
-¿¡Quieres limpiar!? ¡Pues limpia!.- Le tiré el trapo a la cara. Y me puse a servir cafés. Nunca me gustó pelearme delante de los clientes pero Ron me sacaba lo peor de mí. Y si no lo sacaba él, ya lo hacía yo sin ayuda.
-¿Qué te parece el nuevo?
-¿Eh? ¿Qué?.- Salí de mis pensamientos de repente.
-¿Estás bien?
-Sí, sí. ¿Cuál era la pregunta?
-¿Qué te parece el nuevo?
-Bah, nada del otro mundo.- Un coche paró, dentro había un par de chicos, iban bebidos.
-Eh, nena, ¿te vienes a dar una vuelta con nosotros?.- Miraban a Tara.
-Perdéis el tiempo. Estoy trabajando.- El que conducía bajó del coche. Era bastante más bajito que Tara y que yo. Aunque iba con aires de chulería. Cogió a Tara del brazo y la empujó hacia el coche.
-¡Vamos Andy, date prisa, no quiero buscar mas tías por ahí!.- Gritó el otro.
-¡Suéltame, idiota!.- Tara intentaba resistirse pero por lo visto Andy era más fuerte a pesar de su estatura. Yo no podía quedarme ahí, mirando como obligaban a hacer a Tara algo que no quería. Me di prisa y aparté a Andy de un empujón, e inesperadamente cayó al suelo. El otro chico salió del coche y vi sus intenciones. Quería devolvernos lo que yo le había echo a su amigo. Cogí a Tara del brazo y grité:
-¡Corre, Tara, corre!.- Salimos corriendo y aquel chico empezó a perseguirnos. Mientras corría intenté pensar en como despistar al chico.
-¡Vamos, por aquí!.- Nos metimos en un callejón y nos metimos por unas callejuelas hasta llegar a la cafetería. Entramos algo fatigadas, y fuimos a la parte de los empleados. Tara se fue a servir cafés, yo me tuve que ocupar de limpiar las mesas. Mientras limpiaba la mesa sentí que tenía a alguien detrás. Era Ron.
-¿Otra vez tú?
-Vengo a ayudarte.
-No necesito tu ayuda.
-Vamos, no seas tan orgullosa.- Me acarició el brazo. Me dio escalofríos. Yo solo aparté el brazo bruscamente.
-Déjame en paz.
-No creo que tu madre te haya educado para que seas tan borde y tan maleducada.- Dijo sonriendo.
-¿¡Quieres limpiar!? ¡Pues limpia!.- Le tiré el trapo a la cara. Y me puse a servir cafés. Nunca me gustó pelearme delante de los clientes pero Ron me sacaba lo peor de mí. Y si no lo sacaba él, ya lo hacía yo sin ayuda.
sábado, 19 de abril de 2014
Capítulo 2.
-Buenos días Londres, hoy lunes, os pondremos las cinco primeras canciones. Empecemos con On Top Of The World de Imagine Dragons.- Por lo menos escuchando música haría tiempo hasta que se desatascase todo aquello. Estaba tarareando la canción cuando escuché que el chico del coche de detrás me gritaba.
-¡Tío, date prisa! ¡No sé tú, pero yo tengo que trabajar!.- Los pitidos que daba me estaban poniendo nerviosa, y la paciencia no es que me sobre. Bajé la ventanilla, me asomé y le grité.
-Eh idiota, ¡aquí todos tenemos prisa, si tienes algún problema ve al ayuntamiento y quéjate! ¡Yo no soy responsable de tus problemas!. Arrancó el coche a fondo y sonó como sus ruedas derrapaban. Menudo idiota. Eran las nueve menos cuarto y tenia que entrar a y media, ya me estaba imaginando la bronca de Jena, mi jefa. Era una mujer de unos cuarenta años, aunque se conservaba bastante bien. A los empleados nos trataba como si fuera una sargento, nos llamaba por los apellidos. Me cansé de esperar y decidí tomar la decisión de mi ''amigo'' quejica. Aceleré a fondo y me desvié en dirección prohibida. Por suerte no había ningún policía por allí. No podía permitirme pagar ninguna multa, pero tampoco podía permitirme llegar tarde y era ya la cuarta vez, quizá la quinta. Llegué, cogí las llaves y las metí en el bolso. Me bajé lo mas rápido posible y empujé la puerta de entrada. Jena estaba esperándome en una silla, ahora tendría que escuchar su bronca.
-Rowling, es la quinta vez que llegas tarde este mes. Sabes que odio a las personas que no son puntuales, da gracias a que estaban tus compañeros para ir tirando. Vamos, ponte el delantal y empieza a servir.- Asentí. Dejé el bolso en la zona donde los empleados dejamos las chaquetas y los paraguas, pasé a la cocina y me puse el delantal. Estaban allí David y Tara, mis compañeros, eran muy simpáticos, pero no los veía como amigos. Solo compañeros. Iba a entrar en el cuartito para coger los vasos de café para llevar, cuando Tara se me acercó.
-Roxanne, Roxanne, espera.- Me giré.- En el cuartito hay un empleado nuevo esperándote.
-¿A mí?
-Sí. Jena quiere que tú le enseñes como van las maquinas y que le orientes. Dice que eres la más experta.
-Bueno, gracias por la advertencia.- Entré en el cuartito y vi a un chico alto, con pelo marrón, ojos verdes y una amplia sonrisa. Parece que llevase con esa cara un buen rato para recibirme. Entrecerré los ojos para fijarme bien, la verdad es que me sonaba y yo a él también.
-¡Tú eres la chica del atasco! ¡La lenta!
-Y tú el idiota.- Dije con desprecio.- Quería decirte que tú y yo solo compañeros y hablaremos lo justo. Nada más, porque no me interesas y no me caes bien.
-Un placer...-Miró mi placa- Roxanne.
-Igualmente...-Miré su placa-Ron.-Sonrió y me guiñó un ojo.
-White, ven, quiero enseñarte como funcionan las maquinas del local. Y tú, Rowling, coge esas hojas, son publicidad, tu y la señorita McBride saldréis a repartirlas-Dijo Jena asomando la cabeza por la puerta, y como no, nos llamó por nuestros apellidos. Yo solo asentí. Cogí las hojas y me puse a mirarlas, en ese momento Ron pasó por mi lado.
-Nos vamos a llevar muy bien tu y yo Roxy.- Me susurró en la oreja. Hice un gesto apartándome de él. Me miró y se empezó a reír mientras se iba. Roxy. Así me llamaba mi madre... con ese idiota iba a tener mas de una discusión.
-¡Tío, date prisa! ¡No sé tú, pero yo tengo que trabajar!.- Los pitidos que daba me estaban poniendo nerviosa, y la paciencia no es que me sobre. Bajé la ventanilla, me asomé y le grité.
-Eh idiota, ¡aquí todos tenemos prisa, si tienes algún problema ve al ayuntamiento y quéjate! ¡Yo no soy responsable de tus problemas!. Arrancó el coche a fondo y sonó como sus ruedas derrapaban. Menudo idiota. Eran las nueve menos cuarto y tenia que entrar a y media, ya me estaba imaginando la bronca de Jena, mi jefa. Era una mujer de unos cuarenta años, aunque se conservaba bastante bien. A los empleados nos trataba como si fuera una sargento, nos llamaba por los apellidos. Me cansé de esperar y decidí tomar la decisión de mi ''amigo'' quejica. Aceleré a fondo y me desvié en dirección prohibida. Por suerte no había ningún policía por allí. No podía permitirme pagar ninguna multa, pero tampoco podía permitirme llegar tarde y era ya la cuarta vez, quizá la quinta. Llegué, cogí las llaves y las metí en el bolso. Me bajé lo mas rápido posible y empujé la puerta de entrada. Jena estaba esperándome en una silla, ahora tendría que escuchar su bronca.
-Rowling, es la quinta vez que llegas tarde este mes. Sabes que odio a las personas que no son puntuales, da gracias a que estaban tus compañeros para ir tirando. Vamos, ponte el delantal y empieza a servir.- Asentí. Dejé el bolso en la zona donde los empleados dejamos las chaquetas y los paraguas, pasé a la cocina y me puse el delantal. Estaban allí David y Tara, mis compañeros, eran muy simpáticos, pero no los veía como amigos. Solo compañeros. Iba a entrar en el cuartito para coger los vasos de café para llevar, cuando Tara se me acercó.
-Roxanne, Roxanne, espera.- Me giré.- En el cuartito hay un empleado nuevo esperándote.
-¿A mí?
-Sí. Jena quiere que tú le enseñes como van las maquinas y que le orientes. Dice que eres la más experta.
-Bueno, gracias por la advertencia.- Entré en el cuartito y vi a un chico alto, con pelo marrón, ojos verdes y una amplia sonrisa. Parece que llevase con esa cara un buen rato para recibirme. Entrecerré los ojos para fijarme bien, la verdad es que me sonaba y yo a él también.
-¡Tú eres la chica del atasco! ¡La lenta!
-Y tú el idiota.- Dije con desprecio.- Quería decirte que tú y yo solo compañeros y hablaremos lo justo. Nada más, porque no me interesas y no me caes bien.
-Un placer...-Miró mi placa- Roxanne.
-Igualmente...-Miré su placa-Ron.-Sonrió y me guiñó un ojo.
-White, ven, quiero enseñarte como funcionan las maquinas del local. Y tú, Rowling, coge esas hojas, son publicidad, tu y la señorita McBride saldréis a repartirlas-Dijo Jena asomando la cabeza por la puerta, y como no, nos llamó por nuestros apellidos. Yo solo asentí. Cogí las hojas y me puse a mirarlas, en ese momento Ron pasó por mi lado.
-Nos vamos a llevar muy bien tu y yo Roxy.- Me susurró en la oreja. Hice un gesto apartándome de él. Me miró y se empezó a reír mientras se iba. Roxy. Así me llamaba mi madre... con ese idiota iba a tener mas de una discusión.
Capítulo 1.
Me sonó el despertador a las ocho de la mañana. Di unas cuantas vueltas en la cama hasta que me decidí a levantarme. Tenía que ir a trabajar. Desde hacía unos tres meses aproximadamente trabajaba en una cafetería, odiaba mucho aquel trabajo pero necesitaba trabajo fuese el que fuese. Lo necesario para poder pagar el alquiler de mi piso todos los meses. Caminé pasito a pasito al baño, me quité el pijama y me metí en la ducha. Me relajaba mucho ver y notar gotitas de agua recorrer mi cuerpo, cerré los ojos durante el cuarto de hora que estuve en la ducha. Me tapé con una toalla y me miré en el espejo. Otra vez. Esas malditas ojeras. Llevaba una semana sin dormir, las ojeras eran la muestra. Me despertaba a media noche por las pesadillas que me atormentaban. En ellas salía mi madre... estábamos ella y yo solas, yo tan solo tenía cinco años, íbamos a un tipo de prado de picnic, luego jugábamos a la pelota, y al final había un acantilado. Siempre había el mismo final en las malditas pesadillas, yo chutaba la pelota cerca del acantilado y mi madre iba a buscarla, donde un aire espantoso la tiró. Justo ahí siempre despierto. Con lágrimas recorriendo mis mejillas y toda sudada. Al reaccionar suspiro, y trato de dormirme, aunque solo consigo dormirme cinco minutos. Cuando se me secó la piel después de la ducha me maquillé un poco para disimular las ojeras. Me peiné con cuidado mi melena rizada rojo intenso, me miré al espejo torciendo la cabeza pensando en si cortarme el pelo o no, ya lo tenía bastante largo... Me puse el uniforme de la cafetería, era de color azul, me llevé un gran alivio al ver el uniforme cuando me lo dieron. No era de esos con gorritos y con un vestido ridículo. Un simple pantalón corto azul, con una camisa a juego con botones. En la camisa había una placa blanca con letras azules en la que decía 'Roxanne'. Bajé las escaleras de mi piso dúplex, y en la cocina metí el café que había preparado ayer en un bote. Cojo las llaves del coche y cierro la puerta con los ojos medio cerrados por el sueño, que puede conmigo. Mi calle estaba vacía, había algún gato que otro pero nada más. Era normal, vivía en un callejón con un bar de alterne al lado, la verdad es que no me daba miedo vivir allí. Nunca salía por la noche y por la mañana no había nadie, a si que todo genial. Intenté arrancar el coche varias veces, pero nada. Se había calado del frío, solía pasarme todas las mañanas.
-Vamos, joder.-Al fin conseguí arrancarlo, y al dar marcha atrás le di al coche de algún borracho que seguía en el bar.- ''No creo ni que se de cuenta de la borrachera que lleva encima''.- pensé. Llegué al centro, lo más normal en Londres un lunes por la mañana eran los atascos y llevaba razón. Solo se escuchaban algunos coches arrancando y pitidos. Para hacer tiempo encendí la radio.
-Vamos, joder.-Al fin conseguí arrancarlo, y al dar marcha atrás le di al coche de algún borracho que seguía en el bar.- ''No creo ni que se de cuenta de la borrachera que lleva encima''.- pensé. Llegué al centro, lo más normal en Londres un lunes por la mañana eran los atascos y llevaba razón. Solo se escuchaban algunos coches arrancando y pitidos. Para hacer tiempo encendí la radio.
Canciones para Roxanne: Prólogo.
Hola, me llamo Roxanne Rowling nací en Londres y actualmente sigo viviendo allí con mi padre y mi hermano mayor Daniel. Falta una gran pieza importante en la familia y es mi madre, murió cuando yo tenía quince años, ahora tengo dieciocho recién cumplidos y mi sueño es ser escritora. Desde pequeña siempre me hicieron la broma con mi apellido: '¿En serio te llamas Rowling de apellido? ¡Tú estás destinada a ser escritora!' o 'Aquí viene Roxanne Rowling, la hija secreta de J.K Rowling'.
Esas bromas nunca me hicieron gracia, no es que yo tenga un gran sentido del humor... lo tenía, pero desde que mi madre desapareció de mi vida soy bastante fría con la gente en general. Desde entonces, no ha entrado nadie nuevo en mi vida, están los de siempre, ni más ni menos. La que sigue en mi vida desde los tres años es mi mejor amiga Shannon, todos la llaman cariñosamente 'Shan' pero yo lo odio, suena demasiado cursi, y lo cursi me repugna, me da nauseas. Shannon es una chica bastante mona, te alegra la vista cuando la ves, es una chica con el pelo largo, marrón claro tirando a rubio, y unos ojos grandes y marrones. En el colegio tenía algunos complejos en cuanto a sus ojos, la hacían llorar llamándola búho y persiguiéndola haciéndole el sonido. Recuerdo que yo siempre pegaba a todos los niños que se metían con ella, no es por tirarme flores pero en el recreo era la heroína de todos. También la que más broncas se llevaba de los profesores por las peleas, todo hay que decirlo. Algo que me irrita enormemente de Shannon es que se ríe absolutamente todo, incluso de los chistes malos, también me estresa bastante que sea tan sensible y luche tan poco por lo que quiere, que no de la cara cuando los demás se meten con su físico, sus ideas, su forma de ser, incluso con su manera de vestir. Yo siempre siento la necesidad de sacar la cara por ella, porque sé que si no lo hago llorará, y yo también me sentiría bastante mal conmigo misma. El echo de defenderla ya me lo he tomado como una costumbre, la verdad, a mi también me gusta bastante, lo veo como una forma de desahogarse. Siempre he tenido una forma a los demás diferente de ver la vida, los chicos y chicas de mi edad suelen ver la vida como 'me encanta salir con mis amigos y conocer gente nueva' yo la veo más a lo 'no se puede confiar en nadie, hasta tu sombra puede traicionarte' y tengo razón. Por eso no quiero que entre absolutamente nadie nuevo en mi vida, estoy bien como estoy y con quien estoy, mi padre, mi hermano, Shannon y nadie más. No necesito ni amigas pijas gritonas, ni un tío cachas que me diga que me quiere mientras se lo dice a doce más que se ha ligado en una discoteca bailando con ellas e intentando llevárselas a la cama. Amo infinitamente mi forma de ser, orgullosa, borde, y todos los adjetivos malos que se os ocurran, puede sonar egoísta pero es así. Mi padre con dieciséis años me llevó al psicólogo, él creía que me comportamiento ''pasota'' no era normal. El psicólogo habló conmigo la verdad es que no sirvió de nada. No me cambiaron con dieciséis años y ahora que tengo dieciocho tampoco.
Esas bromas nunca me hicieron gracia, no es que yo tenga un gran sentido del humor... lo tenía, pero desde que mi madre desapareció de mi vida soy bastante fría con la gente en general. Desde entonces, no ha entrado nadie nuevo en mi vida, están los de siempre, ni más ni menos. La que sigue en mi vida desde los tres años es mi mejor amiga Shannon, todos la llaman cariñosamente 'Shan' pero yo lo odio, suena demasiado cursi, y lo cursi me repugna, me da nauseas. Shannon es una chica bastante mona, te alegra la vista cuando la ves, es una chica con el pelo largo, marrón claro tirando a rubio, y unos ojos grandes y marrones. En el colegio tenía algunos complejos en cuanto a sus ojos, la hacían llorar llamándola búho y persiguiéndola haciéndole el sonido. Recuerdo que yo siempre pegaba a todos los niños que se metían con ella, no es por tirarme flores pero en el recreo era la heroína de todos. También la que más broncas se llevaba de los profesores por las peleas, todo hay que decirlo. Algo que me irrita enormemente de Shannon es que se ríe absolutamente todo, incluso de los chistes malos, también me estresa bastante que sea tan sensible y luche tan poco por lo que quiere, que no de la cara cuando los demás se meten con su físico, sus ideas, su forma de ser, incluso con su manera de vestir. Yo siempre siento la necesidad de sacar la cara por ella, porque sé que si no lo hago llorará, y yo también me sentiría bastante mal conmigo misma. El echo de defenderla ya me lo he tomado como una costumbre, la verdad, a mi también me gusta bastante, lo veo como una forma de desahogarse. Siempre he tenido una forma a los demás diferente de ver la vida, los chicos y chicas de mi edad suelen ver la vida como 'me encanta salir con mis amigos y conocer gente nueva' yo la veo más a lo 'no se puede confiar en nadie, hasta tu sombra puede traicionarte' y tengo razón. Por eso no quiero que entre absolutamente nadie nuevo en mi vida, estoy bien como estoy y con quien estoy, mi padre, mi hermano, Shannon y nadie más. No necesito ni amigas pijas gritonas, ni un tío cachas que me diga que me quiere mientras se lo dice a doce más que se ha ligado en una discoteca bailando con ellas e intentando llevárselas a la cama. Amo infinitamente mi forma de ser, orgullosa, borde, y todos los adjetivos malos que se os ocurran, puede sonar egoísta pero es así. Mi padre con dieciséis años me llevó al psicólogo, él creía que me comportamiento ''pasota'' no era normal. El psicólogo habló conmigo la verdad es que no sirvió de nada. No me cambiaron con dieciséis años y ahora que tengo dieciocho tampoco.
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