sábado, 19 de abril de 2014

Capítulo 1.

Me sonó el despertador a las ocho de la mañana. Di unas cuantas vueltas en la cama hasta que me decidí a levantarme. Tenía que ir a trabajar. Desde hacía unos tres meses aproximadamente trabajaba en una cafetería, odiaba mucho aquel trabajo pero necesitaba trabajo fuese el que fuese. Lo necesario para poder pagar el alquiler de mi piso todos los meses. Caminé pasito a pasito al baño, me quité el pijama y me metí en la ducha. Me relajaba mucho ver y notar gotitas de agua recorrer mi cuerpo, cerré los ojos durante el cuarto de hora que estuve en la ducha. Me tapé con una toalla y me miré en el espejo. Otra vez. Esas malditas ojeras. Llevaba una semana sin dormir, las ojeras eran la muestra. Me despertaba a media noche por las pesadillas que me atormentaban. En ellas salía mi madre... estábamos ella y yo solas, yo tan solo tenía cinco años, íbamos a un tipo de prado de picnic, luego jugábamos a la pelota, y al final había un acantilado. Siempre había el mismo final en las malditas pesadillas, yo chutaba la pelota cerca del acantilado y mi madre iba a buscarla, donde un aire espantoso la tiró. Justo ahí siempre despierto. Con lágrimas recorriendo mis mejillas y toda sudada. Al reaccionar suspiro, y trato de dormirme, aunque solo consigo dormirme cinco minutos. Cuando se me secó la piel después de la ducha me maquillé un poco para disimular las ojeras. Me peiné con cuidado mi melena rizada rojo intenso, me miré al espejo torciendo la cabeza pensando en si cortarme el pelo o no, ya lo tenía bastante largo... Me puse el uniforme de la cafetería, era de color azul, me llevé un gran alivio al ver el uniforme cuando me lo dieron. No era de esos con gorritos y con un vestido ridículo. Un simple pantalón corto azul, con una camisa a juego con botones. En la camisa había una placa blanca con letras azules en la que decía 'Roxanne'. Bajé las escaleras de mi piso dúplex, y en la cocina metí el café que había preparado ayer en un bote. Cojo las llaves del coche y cierro la puerta con los ojos medio cerrados por el sueño, que puede conmigo. Mi calle estaba vacía, había algún gato que otro pero nada más. Era normal, vivía en un callejón con un bar de alterne al lado, la verdad es que no me daba miedo vivir allí. Nunca salía por la noche y por la mañana no había nadie, a si que todo genial. Intenté arrancar el coche varias veces, pero nada. Se había calado del frío, solía pasarme todas las mañanas.
-Vamos, joder.-Al fin conseguí arrancarlo, y al dar marcha atrás le di al coche de algún borracho que seguía en el bar.- ''No creo ni que se de cuenta de la borrachera que lleva encima''.- pensé. Llegué al centro, lo más normal en Londres un lunes por la mañana eran los atascos y llevaba razón. Solo se escuchaban algunos coches arrancando y  pitidos. Para hacer tiempo encendí la radio.

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