domingo, 20 de abril de 2014

Capítulo 3.

Acababa de conocer a mi nuevo compañero de trabajo y ya habíamos tenido nuestro primer roce. Ese idiota no iba a descentrarme de mi trabajo, eso lo tenia claro. Necesitaba ahorrar dinero para volar a Chicago y allí intentar empezar a escribir algunos cuentos, luego libros, luego sagas... prefería ir paso a paso. Salí con Tara a repartir papeles de publicidad. Tara era una chica de mi edad, muy alta y con el pelo algo corto. Era agradable estar con ella. Me contó que era adoptada. Al mes de nacer sus padres la dejaron en un orfanato por no poder mantenerla. Cuando tenía un año, la adoptaron una de las familias mas ricas de Londres... la verdad es que tuvo mucha suerte. A los catorce años empezó a sentir la necesidad de conocer a sus padres biológicos , pero su familia adoptiva no quiso. Supongo que por miedo de que ''su niña'' los dejase.
-¿Qué te parece el nuevo?
-¿Eh? ¿Qué?.- Salí de mis pensamientos de repente.
-¿Estás bien?
-Sí, sí. ¿Cuál era la pregunta?
-¿Qué te parece el nuevo?
-Bah, nada del otro mundo.- Un coche paró, dentro había un par de chicos, iban bebidos.
-Eh, nena, ¿te vienes a dar una vuelta con nosotros?.- Miraban a Tara.
-Perdéis el tiempo. Estoy trabajando.- El que conducía bajó del coche. Era bastante más bajito que Tara y que yo. Aunque iba con aires de chulería. Cogió a Tara del brazo y la empujó hacia el coche.
-¡Vamos Andy, date prisa, no quiero buscar mas tías por ahí!.- Gritó el otro.
-¡Suéltame, idiota!.- Tara intentaba resistirse pero por lo visto Andy era más fuerte a pesar de su estatura. Yo no podía quedarme ahí, mirando como obligaban a hacer a Tara algo que no quería. Me di prisa y aparté a Andy de un empujón, e inesperadamente cayó al suelo. El otro chico salió del coche y vi sus intenciones. Quería devolvernos lo que yo le había echo a su amigo. Cogí a Tara del brazo y grité:
-¡Corre, Tara, corre!.- Salimos corriendo y aquel chico empezó a perseguirnos. Mientras corría intenté pensar en como despistar al chico.
-¡Vamos, por aquí!.- Nos metimos en un callejón y nos metimos por unas callejuelas hasta llegar a la cafetería. Entramos algo fatigadas, y fuimos a la parte de los empleados. Tara se fue a servir cafés, yo me tuve que ocupar de limpiar las mesas. Mientras limpiaba la mesa sentí que tenía a alguien detrás. Era Ron.
-¿Otra vez tú?
-Vengo a ayudarte.
-No necesito tu ayuda.
-Vamos, no seas tan orgullosa.- Me acarició el brazo. Me dio escalofríos. Yo solo aparté el brazo bruscamente.
-Déjame en paz.
-No creo que tu madre te haya educado para que seas tan borde y tan maleducada.- Dijo sonriendo.
-¿¡Quieres limpiar!? ¡Pues limpia!.- Le tiré el trapo a la cara. Y me puse a servir cafés. Nunca me gustó pelearme delante de los clientes pero Ron me sacaba lo peor de mí. Y si no lo sacaba él, ya lo hacía yo sin ayuda.

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