domingo, 20 de abril de 2014

Capítulo 5.

Mientras conducía iba dándole vueltas a la cabeza a lo que le dije a mi padre. No era cierto. Esa chica no era yo. Estaba de alguna manera echando la culpa a mi madre de echarla de menos. Era consciente que desde que ella se fue yo cambié mucho. También era consciente de que no quería admitir mis cambios. En aquel momento veía a mi madre como una persona que me traicionó. Que entró en mi vida y me dejó tirada yéndose para siempre. Desde entonces no quiero que entre nadie nuevo en mi vida. Por miedo. Por esa razón yo era tan fría con la gente. Me estaba respondiendo a mi misma mis preguntas. Noté como el coche iba más lento. Se había pinchado una rueda.

-De puta madre.- Dije mientras bajaba del coche dando un portazo. Cogí la rueda de repuesto y el gato. No tenia fuerza suficiente para hacer que el gato se moviese. Intenté hacerlo con el pie, pero nada. Escuché como un coche paró detrás mío, aunque estaba demasiado concentrada en largarme de allí como para mirarlo. Bajó alguien del coche y se acercó a mí.
-¿Otra vez tú, pequeña?.- Por la voz noté que era Ron.
-Si buscas el centro de Londres, ve recto.
-Busco ayudarte.
-Ya te he dicho que no necesito tu ayuda ni la de nadie. Puedo sola.
-Ten en cuenta que si no te ayudo yo no saldrás de aquí hasta mañana. Y no creo que pare nadie a ayudarte.-Se quedó de pie esperando respuesta. Prefería quedarme allí toda la noche a pedirle ayuda a alguien como él. Espero cinco segundos y se fue. Yo seguí haciendo fuerza pero nada. El gato no se movía ni un triste centímetro. No me quedaba otra opción...
-Ron.- Se giró.- ¿Podrías...? Ya sabes.
-¿Podría...?.-Dijo sonriendo. Estaba disfrutando con aquella situación.
-Idiota. Sabia que era mala idea.
-Vamos pequeña, no te enfades.- Dijo acercándose. Se agachó y yo me puse en pie.
-Toma, aguántamela.- Dijo dándome su chaqueta. Dejó al descubierto sus brazos llenos de tatuajes. Eran bastante bonitos. En menos de un minuto cambió la rueda. Estaba realmente sorprendida. Aunque no lo demostré. Le di la chaqueta y sin mirarle fui a subirme al coche. Noté como me miraba, pero yo me hacia la loca.
-Dame las gracias por lo menos, ¿no?
-Lo tenía echo... si no hubieses venido a meter las narices.-Soltó una risita irónica.
-Ten más cuidado la próxima vez, no puedo sacarte yo de todos los líos.- Sin que me diese cuenta le sonreí.
-Tienes una sonrisa muy bonita.- Noté como me ponía roja por momentos así que me subí al coche para que no se diese cuenta. Arranqué y traté de largarme todo lo más rápido posible. Yo. Sonriendo. Todo aquello me estaba sobrepasando. ¿Podría...? No. No podía ser. No podía gustarme alguien tan creído como él.

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