Llegué a casa con ganas infinitas de dormir aunque fuese cinco minutos. Otra noche mas a atormentarme con las pesadillas relacionadas con mi madre. Al principio me daban miedo, pero ahora no siento nada. Tan solo tengo ganas de que desaparezcan. Cuando llegué a casa estaba Shannon en el sofá esperándome.
-¡Ro, ya estás aquí!
-Hola Shannon...-Dije mientras dejaba las llaves y el bolso en el recibidor de la entrada. Me di cuenta de que cometí un error dándole las llaves de casa a Shannon. Ella me obligó a que le hiciese una copia por si pasaba algún incidente. Pero las dos sabíamos que era para cotillear.
-Te tengo que contar algo súper fuerte.
-Adelante.- Dije desde la cocina mientras me preparaba un sándwich.
-Hoy he ido de compras con Alexa a por aquel vestido que te dije que vi en el escaparate y me enamoró, pero no me lo podía comprar porque era muy caro pero luego te llamé para contarte que mi madre me había dado dinero para comprármelo...-La interrumpí.
-Shannon, al grano.
-He visto a tu hermano con un chico espectacular.
-¿Y...?
-Y quería preguntarte quien es el chico.
-Mi hermano tiene muchos amigos, a la gran mayoría no los conozco. Lo siento pero no puedo ayudarte.
-No tienes que pensar mucho. ¡Le he echo una foto!.-Pisó el sofá y saltó el respaldo para venir a la cocina.- ¡Mira!
-Shannon, ¿no te das cuenta que no puedes ir haciendo fotos por ahí a la gente?
-Que si Ro... la gente tiene su vida privada... ¡pero mira la foto!.- La miré mal, pero me centré a mirar la foto.
-Ese es Adam. Se conocen desde críos.-Se guardó el móvil en el bolso y mientras se iba me dijo:
-Prepara una cena, Adam, tú, el chico que quieras y yo, ¿vale? Chao.
-¡Pero Shannon, esto no funciona así!.- Justo cerró la puerta y no pudo responderme. Más bien no quiso responderme. Shannon tenia bastante suerte con los chicos, era graciosa si no contaba sus chistes malos, simpática, cariñosa, guapa... todo lo que un chico podría desear. Mi madre siempre me dijo que yo tenia esas cualidades pero no se me acercaba ningún chico y el que se me acercaba lo apartaba de una bofetada. Así que no podía quejarme.
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